El Positivismo y la lucha de las clases

El Positivismo y la lucha de las clases

Las perspectivas sociológicas: desde los clásicos hasta los contemporáneos.

La sociología puede considerarse como una de las formas más elaboradas de autorreflexión de la modernidad. Una reflexión cuyo esfuerzo constante es el de avanzar en su camino desde la investigación empírica como punto de partida. A pesar de no haber lugar para todos, plantéese ahora una sucinta exposición de los principales puntos de evolución en la misma.

El clasicismo en la sociología apunta en mayúsculas la grandeza de Comte (1798 – 1857), a quien se le atribuye una primera concepción de la misma y quien, junto a Durkheim (1858 – 1917), serán los mayores representantes del llamado Positivismo durante el primer cuarto del siglo XIX, para el cual el objeto de investigación es la especie humana no el individuo, y el orden social es consensual. Su coetáneo, Herbert Spencer (1820 – 1903), será el padre del Evolucionismo al convertirse en discípulo del darwinismo social. Las sociedades evolucionan “naturalmente”, en tanto más capacitadas estén para sobrevivir y desarrollarse en un orden social contractual. La lucha de clases es la base de la vida y obra de Karl Marx y, por supuesto, del cambio social. El nuevo orden sólo puede darse a través de una Revolución organizada y ejecutada por la masa obrera que capture el poder político-económico.

Asimismo, encontraremos un importante punto de inflexión con la llegada de los años 30 del siglo pasado, o bien si así se desea, el final de la Segunda Guerra Mundial. Será el momento de Talcot Parsons (1902-1979) y el Funcionalismo americano, de carácter holístico y con el que la sociedad se percibe como un sistema donde cada una de sus partes cumple un papel y con un énfasis particular en la cohesión social y el mantenimiento de la estabilidad social. Herbert Blume (1938- ) o Ervin Goffman (1922-1982) acuñarán el Interaccionismo Simbólico como una micro sociología fundamentada en la comunicación como un hecho social significativo y con un considerable interés por la opinión pública. Así llegamos a la Etnometodología como la tradición de investigación cualitativa de más reciente aparición que pretende especificar los procedimientos reales a través de los cuales se elabora y construye ese orden social.

 

ANÁLISIS DEL ALCOHOLISMO DESDE LAS PERSPECTIVAS SOCIOLÓGICAS

El alcoholismo se encuentra entre las problemáticas médico-sociales de mayor relevancia mundial, no sólo por sus efectos nocivos sobre la salud, sino también sobre la sociedad.

La Sociología, desde sus distintas posiciones, contempla cómo dicha problemática se constituye en un peligro para nuestra sociedad y para ello es sencillo partir del concepto de salud formulado por Parsons como “estado de capacidad óptima del individuo para el eficaz cumplimiento de los roles y tareas para los que ha sido socializado” (perspectiva funcionalista). La categoría parsoniana “Rol social del enfermo” considera la enfermedad como sinónimo de condiciones o estado social desviado que pone en peligro la integración sistémica. Así, el alcoholismo puede ser considerado como forma de desviación social.

Junto a esta idea, cabe recordar que la raíz del alcoholismo también reside en la enajenación de la personalidad, es decir, la falta de reconocimiento por parte de la persona de las normas imperantes en las relaciones sociales, generando una rebelión contra los estándares clasistas puesto que está demostrado cómo el alcoholismo tiene un mayor núcleo de desarrollo en sociedades más pobres (perspectiva del conflicto). Por otro lado, diversos estudios ponen en evidencia que el alcohol despierta en sus consumidores a otra persona que estos quieren ser, razón por la cual continúa el patrón de consumo cada vez en niveles más elevados (interaccionismo simbólico). El alcohol estimula la expresión de ese yo que no se manifiesta normalmente.

Por último, podemos apuntar que el alcohol está profundamente arraigado a diversas formas de intercambio social en el mundo occidental como un factor de sociabilidad. El consumo del tóxico es querido por la sociedad, que acepta de ese modo la evasión de sus problemas, sancionando como mecanismo alternativo de relajación el uso de otro tipo de sustancias tóxicas.

 

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Imagen de Pixabay

 

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