La ley de la competencia ante el monopolio de empresas

La ley de la competencia ante el monopolio de empresas

Un contexto económico y social muy diferente, tenemos hoy al existente en la promulgación de la ley de la competencia en 1989. Una reflexión y recorrido conceptual e histórico en la trayectoria del derecho de la competencia donde el futuro pasa por una reforma constante, ya que la evolución empresarial y social, requieren de una ley viva y adaptable a los nuevos tiempos. La historia nos demuestra que han sido demográficamente muy diferentes, incluso contradictorias, las aplicaciones y los intereses en y durante la aplicación de la Ley.

Evitar la concentración de poder y sus efectos en la economía y en la sociedad, como base, en EEUU se llevó a la práctica durante mucho tiempo por los tribunales de justicia, el principio de que las posiciones de dominio deben ser perseguidas por el mero hecho de serlo. El ejemplo de United States V Aluminium Company of América, en sentencia de 1945 del Juez Learned Hand. La empresa alegó a su capacidad para innovar, mejorando técnicas que le proporcionaba una ventaja muy importante frente a las empresas de su sector, pero en lo tribunales consideraron que no cabía la opción de supervisar su evolución constante para poder evitar el Monopolio. Había una interpretación extraeconómica de las leyes antitrust. En EEUU en 1890 nacieron los “Trust” para evitar la competencia mediante la coordinación de sociedades y personas de un determinado sector, ofreciendo el poder a un pequeño número de personas, incluso a una sola, evitando cualquier tipo de competencia. Egoísmo sin pensar en los intereses de los consumidores. Autócratas del comercio.

Una vez  Alemania se reconstituyó tras la 2ª Guerra Mundial, consideró la existencia de normas para la defensa de la competencia lo que le proporcionaba un orden económico liberal. Economistas como EUKEN, ROPKE, OERHAD, creían que desregular y garantizar el libre comercio les otorgaba eficiencia económica y un sistema más competitivo. Siempre que no se obtuviese ayuda del sector público para ello y existiese libertad de entrada en el comercio internacional.

La respuesta a preguntas como: ¿para qué necesitamos un derecho que defienda la competencia? se encuentran con el hecho de que la respuesta puede ser fácil: “una economía competitiva es más efeciente que una que no lo es”.

Las economías más competitivas no son siempre las más eficientes como el ejemplo de Japón tras la 2ª Guerra Mundial o Alemania antes de la 2 ª Guerra Mundial. Se produce una concentración de empresas y se estrechan vínculos entre industria y Banca. Aunque cabe reconocer que para algunos niveles de desarrollo un modelo económico en el que la defensa de la competencia no desempeña un papel importante puede resultar eficiente.

Otro aspecto es que la política de defensa de la competencia no siempre ha buscado la eficiencia económica.  Existe un acuerdo respecto a la conveniencia de una política de defensa de la competencia, aceptando que tal política debe contribuir a la eficiencia económica. Las empresas son únicas y como tales deben ser tratadas,  por lo que observar el criterio de su posición en el mercado, resulta insuficiente, es más lógico vigilar su comportamiento caso a caso para determinar un monopolio.

Como decía, el futuro se ve afectado por la privatización y desregulación de sectores que eran exclusivos del sector público. Entran actores privados en competencia con antiguos monopolios. La política antimonopolio tuvo un factor populista, hoy superado, para dar paso a un enfoque más técnico basado en la eficiencia.

Existen ejemplos de la influencia política en la determinación de la defensa de la competencia, el caso Microsoft en EEUU hubiese tenido un desenlace muy diferente en Europa, estos hechos nos revelan que la ideología política no debe influir en estas decisiones. También hay que evitar que la defensa de la competencia se convierta un freno al crecimiento y consolidación de empresas, reduzca la innovación o a la inversión productiva de empresas eficientes.

La calidad técnica de la defensa ante los tribunales de las empresas demandadas han planteado una necesidad urgente de profesionalizar a los profesionales de la Administración, aceptando el paradigma que supone  el  análisis exhaustivo de las variables económicas en temas de competencia, así que las agencias públicas deberán profesionalizarse más y habrá que destinar recursos económicos a este fin.  En la Unión europea existen ejemplos de esta carencia de la administración, se trata no solo de ser capaces de argumentar la teoría,  hay que conseguir reglas prácticas que puedan ser aplicadas.

Existen posibilidad de diferente tratamiento a un mismo caso, por tribunales o agencias, en países distintos, por lo que la integración de las políticas de defensa de la competencia deberían ser unificadas, existiendo ya acuerdos como el de Doha, la Organización Mundial del Comercio, en la búsqueda de un acuerdo multilateral libre. Se hace necesaria la integración económica Internacional con aproximaciones entre países de diferentes continentes.

Cualquier tipo de política debe ser dinámica, si las empresas cambian la forma de hacer las cosas, las políticas también deben adaptarse a estos cambios, la tecnología puede crear concentración de empresas, pero muchas pequeñas empresas no existirían sin ella.  También la externalización de algunos procesos por parte de las empresas, provocando problemas de integración vertical y posibles abusos de posición, entre las grandes empresas y las pequeñas suministradoras de productos o servicios, a través de clausulas abusivas.  Existen abundantes ejemplos, dejando claro que la organización industrial y el análisis jurídico de la defensa de la competencia tiene que unirse para solucionar los futuros problemas.

 

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Imagen de Pixabay

 

 

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